Información versus desinformación.

Aunque es de sentido común y se sobreentiende, el emprendedor no debe olvidar jamás la diferencia entre información y desinformación, ya que al basar sus actuaciones sobre la una o la otra, el resultado va a ser distinto. La escena de la Nueva Economía es algo nuevo, muy trendy, lleno de tópicos, lugares comunes, mitos, presuposiciones, asertos gratuitos, influenciado por la psicología de masas, donde eso que llaman modelos de Milton -es decir, frases generalistas y bien intencionadas con las que resulta difícil estar en desacuerdo- son tomados por axiomas científicos y no como lo que realmente son: palabrería instrumental dirigida a la consecución de un fin determinado.

Se puede perder mucho tiempo y dinero simplemente por seguir la corriente en temas que nos parecen obvios tras haber hecho un seguimiento pasivo en medios de comunicación y redes sociales. ¿Quieres un ejemplo? Imagina que estás pensando en montar una startup especializada en seguridad informática. Está claro que proteger la privacidad y la propiedad intelectual es algo de vital importancia para las empresas. ¿Por qué habríamos de ponerlo en duda? Lo dicen constantemente en la televisión, los suplementos dominicales de los periódicos y los blogs. También conocemos la historia de todos esos hackers que se han hecho de oro vendiendo sus empresas a grandes multinacionales.

Pero a la hora de la verdad, cuando tengamos el negocio en marcha, nos podemos encontrar con que el mercado para este tipo de servicios es más estrecho de lo que pensábamos. Directivos, policías, jueces y periodistas escuchan con atención, pero nadie compra. Perplejos y desorientados, nos preguntamos por qué las empresas son tan irresponsables y no protegen con más empeño sus patentes, listados de clientes y valiosas informaciones de negocio. Y al final, mal que nos pese, nos veremos obligados a asumir una cruda verdad que nadie te contaría en los medios: si no lo hacen, tal vez sea porque en el fondo no hay en la mayor parte de las empresas mucho que proteger.

De manera que ya puedes tener cuidado porque en todos los sectores de actividad existen topicazos y mitos que circulan como moneda de cambio común y que en un momento determinado te la pueden jugar: energía, comercio electrónico, domótica… No hablemos ya de Industria 4.0, Internet de las Cosas o el Big Data. El emprendedor no debe dejarse llevar por corrientes de opinión ni buscar un banco de peces para defenderse de los tiburones. Antes bien debe aplicar al desarrollo de su idea de negocio un procedimiento de análisis crítico y en sintonía con la realidad. Investigar sus nichos de mercado sin prejuicios ni ideas previas, hacer bien sus números, saber cuáles son los problemas que se resuelven y por los que la gente estaría dispuesta a pagar.

En otras palabras, patearse la calle, juzgar ideas empresariales en lo que realmente valen y estar dispuesto a deshacerse de ellas en caso de que resulten inviables. Para ello es necesario disponer de fuentes de información contrastadas y una actitud sanamente escéptica. Date cuenta de que no se trata de algo novedoso. Ya lo dijo hace más de dos mil quinientos años el filósofo de la guerra chino Sun-Tzu. Sí, ese que está hoy tan de moda entre los directivos empresariales: la información de verdad -datos objetivos y veraces procesados correctamente- es para tí; la desinformación -rumores, falsas esperanzas, pensamiento desiderativo y fake news- para el enemigo.

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Patxi Lázaro

Patxi Lázaro

25 Años trabajando para la industria como traductor técnico, intérprete de técnicos de montaje y en reuniones de negocios. Puedo ayudarte a establecer contacto con clientes, inversores y asociados industriales, mediante una búsqueda específica en Internet, bases de datos públicas y otros canales.

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