Flujos de caja

Uno de los grandes problemas de la vida económica moderna -y también de todas las épocas- es la financiación: no solo cómo conseguir los fondos, sino cómo gestionarlos y administrarlos adecuadamente. En empresas establecidas, la planificación financiera es esencial. Más de un negocio con beneficios y una cartera de pedidos repleta va a la quiebra porque sus directivos no conocen la diferencia entre rentabilidad y liquidez. En una empresa de creación reciente o una startup, como es el caso del emprendedor, Las cuestiones relacionadas con la financiación son doblemente problemáticas. Primero, porque en la mayor parte de los proyectos se empieza con lo puesto y las arcas vacías; segundo, porque generalmente los promotores de ideas tecnológicas con potencial disruptor de mercados no entienden casi nada de finanzas.

Para resolver el problema del dinero existen diversos medios: el patrimonio privado del emprendedor, fondos aportados por familiares, amigos y tontos (la famosa tríada family, friends and fools), business angels, sociedades de capital riesgo, préstamos bancarios o de entidades de deuda privada, subvenciones públicas y ayudas de otros tipos. A la hora de pedirlo, a cambio de participaciones en el negocio, promesas de amortización o a fondo perdido, existen estrategias de cálculo y planificación que marcan la diferencia entre un emprendedor profesional y un pardillo.

Ir a voleo y pasarse en las pretensiones económicas hace tan mal efecto como quedarse corto. Pero es que además, el sentido comun nos puede jugar más de una mala pasada. Veamos algunos de los errores más frecuentes a la hora de solicitar financiación para una nueva idea de negocio.

Primer error: adquisición de activos. – Algunos emprendedores plantean sus necesidades de financiación sumando el coste de diversos elementos que van a necesitar para la puesta en marcha del negocio. Locales, maquinaria, sistemas informáticos, coste del personal, etc. En función de todo ello obtienen una cifra que luego plantean al inversor de capital riesgo.

Segundo error: cobertura de pérdidas. – También es frecuente considerar el negocio en funcionamiento, solicitando fondos que cubran las pérdidas durante el período inicial en que la empresa estará trabajando con pérdidas antes de alcanzar el umbral de rentabilidad.

Tercer error: suma de los gastos. – Otros emprendedores prefieren adoptar el enfoque conservador que consiste en presentar una cuenta de los gastos totales de la empresa durante su primer año de funcionamiento: alquileres, personal, consumos, etc. El objetivo de esta estrategia consiste en asegurar el funcionamiento del negocio hasta la materialización de unas perspectivas de mercado determinadas o una nueva ronda de financiación.

Enfoque correcto: el cuadro de flujos de caja

Las necesidades de dinero del emprendedor se han de medir no con criterios económicos ni de rentabilidad, sino a través de un cuadro de flujos de caja. Lo que una startup necesita no son subvenciones ni ajustes de cuentas, sino principalmente dinero: el que ella misma genera en el transcurso de su actividad y el que los inversores han de aportar para cubrir sus necesidades de funcionamiento. Estimar las pretensiones financieras en función de un cuadro de flujos de caja no solo produce una impresión más favorable frente al inversor profesional. También permite un mayor control sobre la evolución del negocio y ayuda a ahorra costes financieros a la hora de gestionar líneas de crédito y descuento con los bancos.

Para elaborar un buen flujo de caja, antes es preciso haberse trabajado las cuentas anuales de la empresa -o al menos una proyección de las mismas-. Puesto que el flujo de caja comienza con los fondos aportados por el beneficio neto, esto significa que habrá que disponer de un balance y de una cuenta de explotación. Solo a partir de estos estados contables es posible elaborar un cuadro de cash flow cualificado, con un desglose claro de sus tres grandes apartados: flujos de caja de operaciones, de la inversión y de la financiación.

La idea consiste en pedir al inversor solo aquellos medios financieros que permitan compensar el déficit en el flujo de caja. Si haces esto, conseguirás tu objetivo… o tal vez no. Pero al menos, habrás quedado como alguien que sabe hacer las cosas y no como un simple aficionado.

Elaborar un buen cuadro de flujos de caja es una tarea compleja que excede las posibilidades de este post. Para ello dispones de abundantes recursos sobre el tema y también on line, por ejemplo en este artículo que puede servir como introducción al tema. Asímismo hay modelos en Excel que te permitirán operar con cifras reales y supuestas, jugando con diferentes escenarios y estrategias. Búscalos en Google.

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Patxi Lázaro

Patxi Lázaro

25 Años trabajando para la industria como traductor técnico, intérprete de técnicos de montaje y en reuniones de negocios. Puedo ayudarte a establecer contacto con clientes, inversores y asociados industriales, mediante una búsqueda específica en Internet, bases de datos públicas y otros canales.

2 Comentarios
Josu molinero

diciembre 14, 2017 @ 19:12

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La economia de una empresa se empieza por el ahorro de las llamadas telefonicas,es decir por el control de los gastos, y estoy de acuerdo que con un buen cuadro flujo de caja realista se consigue que tu domines la gestion a que una mala gestion te domine a ti.

Patxi Lázaro

diciembre 15, 2017 @ 08:07

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Sobre todo en las empresas de nueva creación, gestionar a través del cuadro de flujo de caja puede ser de importancia crucial. En una startup que todavía no tiene ingresos, el déficit del flujo operativo y de inversiones se tiene que cubrir con el superávit del flujo de financiación. Financieramente es el mundo al revés, hasta que la empresa está en condiciones de sostenerse en el mercado. No solo las llamadas telefónicas, sino también los propios teléfonos y ordenadores. “¿Quieres iPhones y Macs de gama alta para los directivos?”, preguntó el director financiero, “Pues no va a ser. Confórmate con Android y un PC Lenovo.” Un saludo, Josu.

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